viernes, 11 de marzo de 2016

Tus ojos cubiertos tras un velo de miradas,
ocultan su secreto en lo más profundo del mar.
Me ahogan.
Tu sonrisa tan simple y sincera,
descansa en el silencio de tus besos.
Me ensordecen.
La piel que encarna tu alma,
locura de un volcán erupción.
Me congela.
La vida no te dio un pan debajo del brazo,
no festejaron los cielos al verte en el vientre,
salieron las estrellas y rompieron las olas,
la brisa acarició la faz de tus inicios.
Corazones solitarios sintieron un origen desconocido,
las sirenas cantaban una melodía ansiosa y
recibieron las cuerdas una vibración extraña.
Las estrellas no se cubrieron en tu camino.
La luna no dio vuelta su cara amorosa.
La noche no quitó sublime pasión.
A tus pasos no teme ser defectuosa.
El cuerpo enfebriza el aliento del deseo,
seduces la mente y cautivas el alma.
No siguen tus vías tramos derechos,
no sonríen las aves al verte pasar,
tampoco se entristecen.
Cantan los campos que te rodean,
la naturaleza que se deja gustar,
cantan tus labios al hablar.
No gira un molino al exhalar
la agitación que marea mis sentidos,
se avergüenzan las sábanas entumecidas
testigos de roces sublimes.

I.R.

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